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martes, 15 de marzo de 2011

Los doce trabajos de Heracles y otras hazañas (2ª parte)

7-Heracles y los Establos de Augías

El Rey de la Elida, Augías tenía unos establos muy sucios.
Tenía muchísimos rebaños de bueyes y nadie los había limpiado en treinta años. El estiércol se había acumulado y despedía un olor nauseabundo que se propagaba a toda la región.
Heracles vió que la ta
rea era muy difícil de cumplir porque los establos eran enormes ya que había más de treinta mil animales.
Entonces tuvo una idea brillante.

Abrió un boquete en uno de los muros laterales del enorme establo, luego fue hasta un río cercano, el río Alfio y con la ayuda de una pala y su fuerza, desvió el curso del río para hacer pasar el torrente por dentro del establo.
Las aguas del río atravesaron el establo, barriendo el estiércol acumulado, quedando impecable

.

8-Heracles y los Caballos de Diomedes

Euristeo, le encargó otra difícil tarea a Heracles. Esta vez debía traerle los caballos de Diomedes. Diomedes, era hijo de Ares, era muy sanguinario.

El tenía un establo con una manda de caballos que escupían fuego por la boca. Diomedes, los alimentaba con los extranjeros náufragos que llegaban a las playas de la isla.
Heracles se embarcó a Tracia con un grupo de amigos.
Cuando llegaron, se dirigieron inmediatamente a los establos de Diomedes, Atacaron a los sirvientes que cuidaban
el establo y luego fue en busca de Diomedes para arrojarlo en medio del pesebre de bronce donde comían los caballos. De esa manera sufriría en carne propia el mismo castigo que empleaba con los pobres náufragos. Los caballos lo devoraron al instante. Más tarde, los condujo con la ayuda de sus amigos hasta el palacio de Euristeo.


9-Heracles y las Amazonas

Euristeo tenía una hija llamada Admeta, que siempre anheló tener el cinturón de Hipólita, reina de las amazonas.
Euristeo, le encargó a Heracles que lo buscara y lo trajera para su hija. Heracles partió con un grupo de amigos hac
ia el país de las amazonas. Al llegar, Heracles pudo comprobar que las amazonas conformaban un pueblo de guerreras. Todas ellas sabían combatir a caballo y eran diestras en el uso de las armas. Hipólita lo recibió muy bien y cuando le preguntó cual era el motivo de su visita, Heracles le comentó –El rey Euristeo me encargó que le lleve tu cinturón, ya que su hija Admeta, desea tenerlo.
Hipólita le respondió- Yo misma te lo obsequiaré con mis respetos para el rey.
Rea, la esposa
de Zeus, que siempre estaba atenta tratando de perjudicar a Heracles por ser hijo ilegítimo de su marido, se disfrazó de amazona y comenzó a sembrar sospechas entre las amazonas. Les dijo: -No confíen en Heracles, es muy traicionero. Lo único que desea es capturar a Hipólita.
Las amazonas comenzaron a sospechar y luego se alzaron en terrible lucha, muriendo hasta la misma Hipólita en la sangrienta batalla.
Heracles le quitó e
l cinturón y pudo volver ante Euristeo con el encargo cumplido.


10-Heracles y los Toros de Gerión

Euristeo decidió esta vez, enviar a Heracles a buscar los Toros Rojos de Gerión.
Gerión era un terrible gigante con tres cuerpos. Vivía en una isla lejana de occidente, cruzando el océano y te
nía un rebaño de hermosos toros rojos, custodiados por un boyero y un temible perro con tres cabezas.
Para llegar a tan remoto lugar, Heracles tuvo que recorrer la costa de Africa. Al llegar al estrecho que separa Europa de Africa, lev
antó dos columnas, una en cada continente para conmemorar su paso por ese territorio.
En ese lugar, el sol brillaba con tanta fuerza, y la temperatura era tan agobiante, que Heracles, enfurecido, le arrojó dos flechas al sol.
El sol sorprendido por esa actitud tan audaz, con el deseo de apaciguarlo le dio una copa de oro que al descender del cielo podía transportarlo a través del cielo, cruzando el océano hasta la costa de
l horizonte lejano donde el sol sale para iluminar al mundo.
Heracles trepó a la copa y se trasladó volando hasta la lejana isla de Gerió
n.
Cuando llegó a su destino lo esperaban el terrible perro de tres cabezas que no bien lo vio comenzó a ladrarle y a mostrarle sus afilados colmillos. Heracles tomó su maza y le partió las tres cabezas.
Luego apareció el boyero-¿Qué pasa? ¿Quién anda por ahí? Preguntó.
Heracles lo sorprendió y también descargó su maza dejándolo inconsciente. Cuando apareció el terrible gigante Gerión, Heracles lo atacó con sus afiladas flechas hasta darle muerte.
Luego, Tomo el rebaño de toros rojos que hizo subir a la copa y volvió a volar en ella haciendo el recorrido inverso atravesando la noche sobre el océano.
Luego condujo el rebaño de toros a pié. Pero al llegar al Ródano, sus habitantes se enamoraron de esos hermosos bueyes rojos y le presentaron una feroz batalla. Tan cruel fue la pelea que Heracles quedó m
al herido en la contienda.
Heracles pensó que estaba perdido y pidió ayuda a su padre, Zeus a los gritos-¡Por favor, Padre Zeus, ayúdame!
Zeus lo escuchó y para ayudarlo envió una gran tormenta de granizo sobre el enemigo.
Las piedras de hielo eran enormes y los enemigos de Heracles huyeron despavoridos.
Luego de atravesar numerosas regiones, y estando ya cerca de su m
eta, Hera, que siempre estaba atenta para causarle problemas a Heracles, envió un tábano que volvió loco al rebaño con sus picaduras.
Los toros corrieron enloquecidos y el rebaño se dispersó en las montañas.
Heracles perdió mucho tiempo tratando de agrupar nuevamente a los toros, recuperó la mayor parte y luego se dirigió a Micenas ante Euristeo, que no podía creer que Heracles, nuevamente, resultara victorioso en tan difícil tarea.

11-Heracles en el Jardín de las Hespérides

Euristeo, esta vez le encargó a Heracles que le traiga las manzanas de oro, que la diosa Gea le había regalado a Hera como regalo de casamiento y, que Hera, había plantado en un jardín lejano de occidente custodiado por las Ninfas de la tarde, conocidas como Hespérides y un dragón de cien cabezas llamado Ladón.
El recorrido que hizo Heracles para llegar al misterioso jardín es muy complicado ya que nadie conocía bien su ubicación.
Primero Heracles fu

e a visitar unas Ninfas para que lo orientaran, pero las Ninfas le dijeron que tenía que buscar al dios Nereo, ya que era el único que conocía la ubicación precisa.
Heracles buscó a Nereo y lo capturó para obligarlo a revelar el secreto. Nereo no quería decir ni media palabra. Heracles lo encadenó y Nereo que era un dios, se transformó en león, luego en serpiente y más tarde en llamas. Pero Heracles se mantuvo firme sin asustarse y Nereo finalmente confesó el sitio secreto del famoso jardín.
Para llegar, Heracles tuvo que atravesar África. Caminó y caminó hasta llegar al punto más alejado del mundo occidental y allí vio las puertas del jardín.
También vio a Atlas, un gigante enorme que en su destierro fue obligado a cargar sobre sus espaldas el peso d

e la bóveda celeste.
Heracles conocía bien la existencia del temible dragón Ladón. Entonces le propuso al gigante que si iba en busca de las manzanas de oro, el sostendría el firmamento en su lugar. Atlas aceptó porque ya estaba cansado de tener tanto peso sobre sus hombros. Entró al jardín y arrancó los frutos dorados, pero al regresarle dijo a Heracles que quería ir en persona a entregar el preciado botín a Euristeo.
Heracles tuvo que pensar rápidamente una respuesta.: - Me parece bien. Dijo,- Pero antes, permíteme buscar algo que sirva de almohadilla y me acomode el cabello para que amortigüe el peso de tanta carga.- Sostiene unos minutos el cielo hasta que resuelva este problema.
El gigante no se dio cuenta del engaño y cargó nuevamente sobre sus espaldas todo el peso de la bóveda celeste.
Heracles, t

omó las manzanas de oro y salió corriendo hasta llegar ante Euristeo.


12-Heracles y el Can Cerbero

Euristeo pensó y pensó tratando de encontrar otro trabajo difícil.
Luego le dijo-Hércules, Debes traerme el temible can Cerbero.
Hércules, entonces descendió en compañía de Hermes al abismo de los muertos.

Llegó hasta el m ismo trono de Hades, el dios de las tinieblas y le explicó el motivo de su visita.
Hades le respondió.-Puedes llevarte a Cerbero a plena luz del día. Pero con una sola condición. No debes usar armas contra él.
Hércules, se cubrió con la piel del león de Nemea que hacía las veces de escudo protector, luego tomó al can por el cuello de donde confluían las tres cabezas y aunque el perro logró morderlo con sus afilados colmillos, Hércules lo apretó con tal fuerza que casi lo asfixia.
El animal, sintiendo que estaba dominado se tranquilizó y lo siguió como un manso cachorrito. Cuando se lo llevó a Euristeo, este se asustó tanto de ver el aspecto horroroso del animal que le pidió que lo devolviera urgentemente al Tártaro

1 comentario:

  1. Que bonito tu Blog! Saludos desde la cercana Costa Rica, me encanta la música que pones!!!

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