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jueves, 10 de marzo de 2011

Jasón y Medea

Esón, padre de Jasón, había sido despojado del trono de Yolco, ciudad de Tesalia, por su hermano Pelias. Cuando Jasón llegó a la edad varonil reclamó a su tío el poder que legítimamente le pertenecía.

Como condición para acceder a esta petición Pelias exigió la entrega del Vellocino de Oro que Etes había consagrado a Ares y que estaba guardado por un dragón. Por consejo de Atenea, Jasón solicitó la ayuda de Argos el cual construyó el navío que lo llevó a la Cólquida y por cuyo motivo se llamó la nave Argos. En la Cólquida, situada al pie del Cáucaso, vivía el poderoso rey Etes, que era hijo del Sol y hermano de Circe, la maga.

Cuando los Argonautas desembarcaron en la playa , Jasón comprendió que le sería casi imposible abordar de manera directa al dragón que custodiaba al Vellocino de Oro. Y como sabía que éste dependía del rey Etes, se hizo anunciar inmediatamente en la corte. Jasón se inclinó ante el monarca y le dijo:

- Señor, he venido desde Tesalia con mis compañeros para conquistar el Vellocino de Oro custodiado en el Monte Sagrado. Permitidme intentar la gloriosa empresa.

El rey Etes, al oir esta petición, se sintió presa de una terrible cólera. No podía dejar que le arrebataran el Vellocino de Oro, ya que de él dependía la opulencia de su reino y la felicidad de su pueblo.


Sin embargo, en vista de que era el Hado quien lo ordenaba, decidió no oponerse abiertamente a la conquista, pero haría cuanto estuviese de su parte para que aquel héroe pretencioso fracasara en su intento.

- Podrás intentar la empresa; yo te lo permito - dijo el rey Etes-. Pero antes deberás superar esta prueba; habrás de domesticar dos bueyes gigantes que tienen las patas de plata y la boca rebosante de llamas. Después de haberlos domado, los uncirás a un carro y trabajarás con ellos cuatro jornales de terreno salvaje e inculto. A continuación sembrarás en el campo labrado los dientes del dragón, que yo te daré. De ellos nacerán millares de gigantes, que apenas salidos de la tierra, se lanzarán contra ti, y tu deberás matarlos a todos.

¡Ah!, pero domar a los bueyes, arar el terreno y vencer a los gigantes son empresas que deberás cumplir en un solo día. Unicamente con esta condición, permitiré que vayas a la conquista del Vellocino de Oro.

El valeroso Jasón quedó preocupado al oír estas palabras ya que la empresa era prácticamente imposible pero aceptó igual.

Estaba al día siguiente meditando a la orilla del mar cuando vio que se le acercaba una hermosa joven. Era Medea, una de las dos hijas del rey Etes, que se enamoró locamente de Jasón nada más verle.


- Valeroso extranjero - dijo Medea, sonriéndole -. Ayer oí lo que mi padre exige de ti. Vas a una muerte segura, pero eres joven y quiero ayudarte. Toma este ungüento maravilloso y pásalo por tu cuerpo; de ese modo lo harás invulnerable y le darás una fuerza sobrehumana. Pero recuerda que su poder no dura más que un día. En ese tiempo deberás salir victorioso de todas las pruebas.


Gracias a la ayuda de Medea, que era una hábil hechicera, Jasón logró hacerse al fin con el preciado Vellocino de Oro.

- ¡Huyamos antes de que el rey Etes se entere de nuestra victoria! -dijo Jasón.

Y amparados por las sombras de la noche, la gloriosa Argos puso rumbo hacia Yolcos llevando a bordo dos tesoros: el Vellocino de los dorados rizos y Medea, la hermosa hija del rey de la Cólquida.


Tras largos meses de viaje, y después de haber realizado innumerables hazañas, la nave de los Argonautas llegó, por fin, a su patria, donde el rey Pelias reinaba aún en el trono usurpado a Jasón.


Nada más pisar de nuevo la tierra de Tesalia, Jasón se apresuró a agradecer a los dioses la ayuda recibida, ofreciéndoles la nave Argos; pero los dioses no quisieron abandonar sobre la tierra aquella maravillosa nave y transportándola al Cielo, la convirtieron en una constelación.


Cuando Jasón fue a ver al rey Pelias y, mostrándole el Vellocino de Oro, le reclamó el trono usurpado, que éste había prometido devolverle, el monarca se negó a cumplir su palabra.


Nadie me arrebatará el trono mientras viva - dijo el rey -. Jamás he prometido devolverlo a nadie.


Medea, valiéndose de sus mágicas artes, decidió vengar a su marido. Entonces dijo a las hijas de Pelias que, para rejuvenecer a su anciano padre, le cortasen en pedazos y le hiciesen hervir en un caldero, lo que éstas hicieron sin desconfiar.


Este crimen, sin embargo, no sirvió de nada a Jasón, porque Acaste, hijo de Pelias, se hizo proclamar rey de Tesalia y desterró a Jasón y a Medea, que se retiraron a Corinto.


En esta ciudad, olvidando Jasón lo mucho que debía a Medea, la repudió para casarse con Creusa, hija del rey Creonte. Medea fingió indiferencia; pero en su alma se abrió paso el deseo de venganza.


Luego de que Creonte anuncie a Medea su destierro de Corinto junto con sus hijos, ella logra envenenar al rey y a Creusa , deguella en presencia de Jasón a sus propios hijos y huye por los aires en un carro tirado por dragones alados.


En Asia se casa con un poderoso rey del que tendrá un hijo llamado Medas y del que sus súbditos tomaron el nombre de medos.


Por su parte, Jasón después de la trágica muerte de su esposa y de la fuga de Medea, llevó una vida triste y errante. Hasta que un día, se quitó la vida con su propia espada.

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