
domingo, 15 de mayo de 2011
Los Demonios del Mar

HARMONÍA
El mito de Harmonía comprende dos tradiciones y además se la identifica con la abstracción musical así como sentimental, es decir el equilibrio o la concordia.
La primera es la leyenda de origen tebano. En ella, Harmonía se presenta como hija de Afrodita (diosa de la belleza y del amor) y Ares (dios de la guerra).
Zeus decidió que la bella joven fuera la esposa de Cadmo, hermano de Europa y fundador de Tebas. La boda se celebró en la nueva ciudad y asistieron todos los dioses, que llevaron presentes a los dichosos novios.
Entre los regalos, había un impresionante vestido tejido por las tres Gracias y otorgado por Atenea (diosa de la sabiduría) y un majestuoso collar, brindado por Hefesto (dios del fuego), que entre los dos constituían los más célebres presentes dados a la pareja. A veces se dice que los propios dioses habían hecho con sus manos los regalos. También se ha dicho que tales regalos habían sido dados a la novia por el propio Cadmo, que los había obtenido de su hermana Europa, la cual había sido agasajada con tales regalos por el mismo Zeus.
Pero, al seguir la línea de Hefesto y Atenea, se llega un triste final, pues Atenea y Hefesto furiosos por la relación de Ares y Afrodita, de la cual había sido fruto Harmonía deciden destruir a la joven y envenenan los vestidos y el collar.
Los mencionados regalos aparecen a lo largo de la tradición griega en diversas ocasiones, por ejemplo en la leyenda de los Siete Jefes contra Tebas, o cuando fueron ofrecidos como exvotos a Delfos, y luego robados por el tiempo de Filipo de Macedonia.
Según la otra tradición, de origen samotracio, Harmonía es hija de Zeus y Electra, lo que la convierte en hermana de Dárdano y Yasión. Esta versión comparte con la anterior, el matrimonio con Cadmo, pero su desenlace es diferente.
Cadmo encuentra a la joven en la búsqueda de su hermana Europa, que había sido raptada por Zeus, y su casamiento se realiza en Samotracia con gran pompa, a la cual también asisten todos los dioses y las Musas cantan. Igualmente, se ha dicho que Cadmo rapta a Harmonía con la ayuda de Atenea.
El matrimonio feliz consigue tener varios hijos, entre los que se mencionan Autónoe, Ino o Lucótea, Ágave, Sémele y Polidoro.
Al término de sus vidas, se trasladan misteriosamente a Iliria, la tierra de los enqueleos, dejando el trono de Tebas a su nieto Penteo. En Iliria, guían a los enqueleos que habían sido atacados por los ilirios, y logran que estos venzan, tal y como había predicho un oráculo. Así, Cadmo se convierte en rey de los ilirios y tiene un hijo con su esposa llamado Ilirio.
Posteriormente, Cadmo y Harmonía fueron transformados en serpientes y se instalaron en los Campos Elíseos.
TÁNATOS
Tánatos era el hijo de Érebo y Nicte, hermano gemelo de Hipnos, y personificación de la muerte.
Era el genio alado que acudía a buscar los cuerpos de los que habían fallecido.
Cortaba un mechón de sus cabellos para ofrecer como tributo a Hades y se llevaba sus cuerpos al mundo de los muertos.
Transportó, ayudado por su hermano Hipnos, el cuerpo del guerrero Sarpedón, muerto en Troya, hasta Licia. También se llevó el cuerpo de Alcestis que, ejemplo del amor conyugal, había sustituido a su marido en el féretro.
Más tarde, su presa le fue arrebatada por Heracles, que lo obligó a devolverla a la vida más joven y más bella que nunca. 
Sin embargo, la historia más curiosa en la que interviene Tánatos es en la que es encadenado por Sísifo.
Sísifo era el más astuto y el menos escrupuloso de los mortales. Era capaz de los más enrevesados engaños para conseguir sus propósitos.
Se dice que, al ser amante de Anticlea, él sería el verdadero padre de Ulises.
Cuando Zeus raptó a Egina, la hija del río Asopo, Sísifo fue testigo casual de los hechos. Utilizó la información para conseguir de Asopo un manantial en la ciudadela de Corinto, y delató a Zeus.
Éste, enfurecido, mandó a Tánatos para acabar con la vida del mortal, pero el hábil Sísifo consiguió atrapar y encadenar al genio alado de la muerte, y por un tiempo ningún hombre murió.
Finalmente, Ares liberó a Tánatos, que volvió a realizar su trabajo empezando por el propio Sísifo.
Pero Sísifo era capaz aun de más artimañas para librarse de la muerte, y antes de morir ordenó en secreto a su esposa que no le tributara honras fúnebres.
Una vez en los infiernos, se quejó ante Hades de la impiedad de su esposa y le pidió que le dejará volver para castigarla.
Hades se lo permitió y Sísifo, que no tenía intención de volver a los infiernos, vivió en la Tierra feliz hasta época muy avanzada. Cuando por fin murió, Hades le impuso una tarea para evitar una nueva evasión. Su martirio consistía en empujar cuesta arriba un gran peñasco que, una vez en la cumbre, volvía a caer por su propio peso y el trabajo de Sísifo se prolongaba así eternamente.
LAS MOIRAS
Las Moiras son la personificación del Destino. Inicialmente, todo ser humano tenía su moira, pero luego el concepto se vuelve más abstracto y se convierten en una divinidad femenina. Su carácter es totalmente impersonal e inflexible como la concepción que tenían los griegos del Destino. Después de la epopeya homérica (La Ilíada y La Odisea), se institucionaliza la idea de tres Moiras: Átropo, Cloto y Láquesis. Su función es regular la vida de cada mortal, desde su nacimiento hasta su muerte, con ayuda de un hilo que la primera hilaba, la segunda enrollaba, y la tercera cortaba cuando llegaba el final de esa existencia.
Ellas son las que impiden que un dios intervenga en batalla, para evitar la muerte de un mortal, cuando ésta es ya su destino. 
Las Moiras son hiijas de Zeus (dios de los dioses) y de Temis (diosa de la Ley) y hermanas de Las Horas. Según otra tradición, eran hijas de La Noche, como Las Ceres, por lo que pertenecían a la primera generación divina. En este caso, serían titánides (de la generación de lo Titanes).
Se las puede ver en conjunto con Ilitía que es la encarnación del nacimiento o con Tique que es lo mismo.
En Roma, equivalen a las Parcas, con la variación de que una preside el nacimiento, otra el matrimonio y la otra la muerte. También conocidas como las Tres Hadas.
LAS DANAIDES
El dios del mar, Poseidón, tuvo con la ninfa Libia dos hijos. Uno fue Agenor, quien se trasladó a Siria. Su hermano Belo vivió en el país del Nilo, desde donde gobernó a los países africanos. Belo se unió a Anquínoe, hija del dios Nilo, y con ella tuvo a dos hijos gemelos, a quienes llamó Dánao y Egipto.
Egipto recibió el reino de Arabia y Dánao el de Libia. Sin embargo, Egipto reclamó el fértil valle del Nilo y le dió a este país su propio nombre. Egipto tuvo cincuenta hijos de diversas mujeres, mientras que Dánao tuvo cincuenta hijas, que fueron llamadas las Danaides.
Hubo disputas entre los dos hermanos, y Dánao, temeroso del poder de Egipto y por consejo de Atenea, construyó un barco de cincuenta remos y huyó de África, refugiándose en Argos. Ahí, sus hijas edificaron un templo a Atenea.
En Argos reinaba Gelanor, a quien Dánao reclamó el trono. Gelanor se resistió, pero durante la discusión un lobo salió del bosque cercano y se arrojó contra un rebaño que pasaba frente a la ciudad. Atacó a un robusto toro y lo dominó, dándole muerte. Gelanor vió esto como un signo del fin de su reino, y cedió su corona a Dánao. 
Se cuenta también que el país estaba devastado por la sequía, pues Poseidón estaba enfadado cuando Argos fue concedido a Hera, cuando él quería el país para sí. Una de las Danaides, Amimone, había sido enviada con sus hermanas para buscar agua. Fatigada por el viaje se tendió a descansar en el campo. De pronto surgió un sátiro que trató de forzarla. Amimone llamó en su ayuda a Poseidón, quien repelió al sátiro con un golpe de su tridente. El golpe dio en una roca, de la que surgió una triple fuente que proveyó de agua a Argos.
Así reinó Dánao durante un tiempo, hasta que llegaron a Argos sus sobrinos, los hijos de Egipto. Éstos le pidieron que olvidara la rencilla con su padre, y anunciaron que su visita tenía la intención de casarse con las Danaides para sellar la paz. Dánao dió su consentimiento, pero desconfiaba de la reconciliación.
Así los cincuenta hijos de Egipto se casaron con la cincuenta hijas de Dánao. El rey celebró las bodas con un gran banquete, pero en secreto le dio a cada una de sus hijas una daga, haciéndoles prometer que darían muerte a sus esposos durante la noche.
Todas las Danaides cumplieron su promesa, excepto la mayor, Hipermnestra, quien conservó la vida de su esposo Linceo por haberla respetado durante la noche de bodas. Todos los demás hijos de Egipto fueron decapitados, y mientras sus cuerpos recibían los ritos funerarios en Argos sus cabezas eran enterradas en Lerna. Egipto, lleno de pesar por la muerte de sus hijos y temeroso de Dánao, se retiró a Aroe, donde murió.
Por orden de Zeus y por mediación de Hermes y Atenea, las Danaides fueron purificadas de su delito. Pero Hipermnestra fue puesta bajo vigilancia por Dánao, por haber desobedecido su orden. Fue liberada durante su juicio, gracias a la intervención de la diosa Afrodita, a quien agradaba el amor que había nacido entre ella y Linceo.
Pero luego de este suceso Dánao no pudo casar a sus hijas, pues cualquier pretendiente sentía el temor de ser asesinado como los anteriores. Por fin, Dánao celebró unos juegos poniendo como recompensa a sus propias hijas y liberando a los ganadores de los regalos que debían hacer a su suegro. Así las Danaides se casaron con jóvenes del país, con los que engendraron a la raza de los dánaos. Según unas versiones del mito, Linceo hizo las paces con su suegro Dánao. Según otras, le dió muerte a él y a las cuarenta y nueve danaides asesinas, vengando a sus hermanos.
Tras su muerte, y rechazando la purificación ordenada por Zeus, los jueces del infierno encontraron a las Danaides culpables del asesinato de sus esposos. Fueron condenadas a llevar agua continuamente a un tonel sin fondo, por toda la eternidad.
ARIADNA
Ariadna es la hija del rey Minos y Pasifae de Creta. Su padre tenía en un laberinto al minotauro, a quien había que alimentar con gente ateniense cada nueve años.
La tercera vez que los atenienses debían pagar su tributo, Teseo, -hijo de Egeo, el rey de Atenas- se ofrece a ir y matar al minotauro. El problema era que el minotauro vivía en un laberinto del que no se podía escapar.
La hija de Minos, Ariadna vio a Teseo y se enamoró de él, por lo que decidió ayudarlo con la condición de que se casara con ella y se la llevara lejos de su temible padre. 
Teseo aceptó, y así fue como Ariadna le regaló un ovillo para que una vez en el laberinto, fuera desenrrollándolo y pudiera servirle de guía al regreso e indicarle el camino de regreso.
Cuando Minos supo que Teseo había matado al minotauro montó en cólera por lo que Teseo tuvo que apresurarse en la huída en la que lo acompañó Ariadna. Pero ella nunca llegó a ver la tierra de Teseo, Atenas, pues en una escala que él hizo en la isla de Naxos, la abandonó dormida en la orilla.
Las versiones de esta traición varían mucho y se han hecho un sinnúmero de hipótesis. Se ha dicho que Teseo dejó a Ariadna en la playa porque estaba enamorado de otra mujer, también que fue por orden de los dioses, o sino que mientras ella se encontraba en la playa recuperándose de un mareo, él regresó al barco, y este sarpó impulsado por un misterioso viento.
Pero, Ariadna no se amilanó mucho y olvidó sus penas de amor con el dios Dionisio, quien se había enamorado profundamente de ella. Se casó con ella y la llevó al Olimpo. Como regalo de bodas le dio una diadema de oro que hizo Hefesto y que luego se convirtió en constelación.
Sus hijos con Dionisio fueron Toante, Estásfilo, Enopión y Pepareto.
Su muerte es objeto de varias versiones pues hay quienes dicen que Artemisa la mató, cumpliendo órdenes de Dionisio. Pero también hay quienes opinan que ella murió en la isla de Naxos, donde Teseo la había abandonado cuando ella dio a luz.
TIRESIAS
El tebano ciego Tiresias, hijo de Everes y de la ninfa Chariclo, y Calchas eran los dos videntes más famosos de la mitología griega.
Hay dos historias diferentes sobre la ceguera de Tiresias y sus poderes paranormales. En la primera se dice que en cierta ocasión vio a la virginal diosa Atenea bañándose desnuda junto a su madre. Después de eso, Atenea le privó del sentido de la vista, aunque le dio el entendimiento del lenguaje de las aves y el poder para predecir el futuro. Ella, además, le obsequió con un cayado especial y le garantizó una larga vida.
Según la segunda versión, Tiresias se encontró a dos serpientes copulando en la montaña y golpeó a la hembra con su vara, que como venganza lo transformó en una mujer. Ocho años después, siendo aún mujer, se encontró a las mismas serpientes de nuevo y en esta ocasión golpeó a las dos, y así fue devuelto a su estado primitivo de hombre. Un día, cuando el rey de los dioses Zeus y su esposa Hera se encontraban discutiendo sobre qué sexo disfrutaba más haciendo el amor, Tiresias fue el elegido para hacer la prueba definitiva. Tiresias afirmó que la mujer disfrutaba más que el hombre, respuesta que enfadó a Hera, que lo dejó ciego. Nada pudo hacer Zeus para rectificar la cruel acción de Hera, pero trató de compensarlo, dándole el don de la clarividencia. Tiresias hacía sus predicciones observando el comportamiento de las aves. Estudiaba los sonidos que hacían y, cuando era necesario, apoyaba sus ideas en el resultado de los sacrificios realizados. 
La primera persona a la que Tiresias le auguró un negro futuro fue a Narciso. Cuando su madre le preguntó si viviría mucho tiempo, el vidente contestó que así sería, siempre y cuando no pusiera sus ojos sobre su propia imagen reflejada. Sólo tiempo después fue posible entender el verdadero significado de sus palabras.
Tiresias hizo muchas predicciones y pronunciamientos, y algunos no se los tomaron en serio inicialmente. El rey tebano Penteo, que no entendía por qué Tiresias adoraba al dios del vino y la vegetación Dioniso, rechazó sus consejos para que adorase al dios correctamente, y por ello tuvo que pagar la ofensa con su vida.
Tiresias también predijo los trágicos acontecimientos que se desarrollaron en Tebas durante y después del reinado de Edipo, el príncipe que mató a su padre y se casó con su madre sin saberlo (ver Oedipus). Fue él quien dijo que la plaga que azotaba Tebas era resultado de su mal comportamiento. Edipo, lejos de quedar agradecido por la información, no se lo agradeció y además lo acusó de tener mala fe. También el rey Creón, que reinó en Tebas antes y después de Edipo, recibió los extremadamente poco bienvenidos consejos de Tiresias. Cuando le instó para que diese un entierro decente al cadáver de Polinices, hijo de Edipo que había muerto en un duelo con su hermano Eteoc1es, que también murió en el duelo, Creón le acusó de ser poco fiable y predecir sólo por dinero.
Tiresias murió después de que los aliados de los hijos de Polinices conquistasen Tebas, posibilidad que él mismo, naturalmente, había anunciado. En el mundo de los muertos el alma del vidente ocupó una posición muy alta. Otras almas carecían de conciencia, pero Tiresias incluso continuó haciendo predicciones. Después de que Odisea le diese sangre de oveja para beber durante su visita al reino de la muerte, el vidente le advirtió que no debería tocar el ganado del dios solar Helios en la isla de Trinacia. Si él seguía este consejo ~legaría a salvo a su hogar en la isla de Itaca, donde acabaría con los pretendientes de Perséfone para vivir durante muchos años. Su predicción fue cierta una vez más. Un detalle importante de la historia que relató Homero es que el alma de Tiresias reconoció a Odisea nada más verlo, lo que significaría que habría recuperado la vista después de muerto.
El origen divino de Hércules
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